La relación entre el síndrome de intestino irritable (SII) y el estrés.


Vivir con intestino irritable es un verdadero fastidio. Me diagnosticaron este padecimiento hace 12 años y recuerdo perfecto los primeros síntomas: inflamación, distensión, dolor en el vientre, estreñimiento, entre otros menos agradables.

Después de estar más de una semana con un dolor muy fuerte, al ir a consulta con el médico el diagnóstico fue Síndrome de Intestino Irritable (SII), me dio algunas indicaciones como eliminar el consumo de harinas, grasas, lácteos, refrescos, aumentar el consumo de fibra, agua y me recetó un tratamiento. Salí de ahí tranquila porque había un diagnóstico y un tratamiento ¿Qué podía salir mal?

Comencé a seguir las indicaciones y para mi sorpresa después de un mes los síntomas continuaban y eso me incomodaba cada vez más. Al volver a consultar el médico me dijo: Por cierto el SII no se quita, solo se trata de controlar.

Esas palabras resonaron en mi cabeza pensando que como era posible que de la noche a la mañana aparecieran esos síntomas y para colmo no se quitaran justo cuando estábamos empezando a planear la boda. Pasaron los días, los meses, hice cambios en mi alimentación, continué con distintos tratamientos y nada funcionaba.

Conforme se acercaba la boda, los síntomas aumentaron y dos meses antes del gran día logré bajar unos cuantos kilos que yo NO había intentado bajar y cuando la gente me decía: “¡Felicidades adelgazaste para la boda!” en lugar de sentirme alegre pensaba: "Si supieran como me siento durante todo el día!". Así que prefería mil veces tener unos kilitos de más que vivir con ese malestar.

Los doctores (y vaya que he consultado varios) siempre concuerdan en que no hay un tratamiento que por arte de magia elimine el padecimiento, ya que hay una gama bastante amplia de medicamentos para este síndrome, cada organismo es diferente y lo que a algunas personas les funciona, a otras no.

Cabe mencionar que a veces parecía que ninguno se ponía de acuerdo ya que lo que me recomendaba un médico me lo prohibía otro y mientras tanto yo vivía en un constante “a prueba y error tratando de identificar que medicamentos aminoraban los síntomas y cuales alimentos si toleraba.

Ahhh y también me llegaron a recetar que terapia psicológica, clases de yoga y ¿por qué no? antidepresivos.

El SII me ha limitado en muchos aspectos de mi vida, pues cuando estoy nerviosa o estresada, incluso cuando no me doy cuenta, aparece sin previo aviso y he llegado a tener que cambiar planes, cancelar otros, no disfrutar de algunas vacaciones, momentos importantes, recriminarme y aislarme.

He recurrido a la alopatía, homeopatía, imanoterapia o magnetoterapia, acupuntura y no recuerdo que más. No quiero decir que alguna es mejor que otra o que alguna no funciona, pues mas bien siento que todas me ayudaron a controlar ciertos síntomas o por lo menos sentir empatía por quien me consultaba explicándome lo común que es el síndrome.

Pero lo que si te puedo decir y que creo que realmente me ha ayudado en general es la biodescodificación pero de eso te hablaré en otro artículo.

Por lo pronto en este artículo te comparto que algo que me ayuda es detectar la causa del estrés, cuidar la alimentación en periodos de crisis y buscar la forma de relajarme. Algo que a mi me funciona mucho es leer y escribir, así que a veces abuso de eso para relajarme y desconectarme un poco. El ejercicio aunque no lo practico tan regularmente como quisiera, he notado que a mi me sirve y los ejercicios de respiración. Otro aspecto que me ha ayudado obviamente es buscar ayuda terapéutica y bajar mis propias expectativas, ya que tiendo a ser perfeccionista, por lo que solo me lo permito en ciertos aspectos de mi vida y en el día a día hago lo que puedo con lo que tengo y me animo a no perder la perspectiva observando solo los detalles, mejor aprendiendo a ver la imagen completa.

Estoy segura que un día escribiré un post en donde escriba sobre que fue lo que me ayudó a controlar o eliminar este síndrome y como llevo meses (o años) sin el. Por lo pronto seguiré trabajando en aprender a vivir ligera, sin prisas y a escuchar a mi cuerpo cuando me hable. También seguiré compartiendo mi experiencia porque sé que alguien puede estar pasando por lo mismo que yo.

Gabriela

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